Tras de Ti

Un día simplemente partiste
y quedé con mi tristeza,
cada día conversaba con ella de lo mucho que nos entregamos.
De aquello que hacía el tiempo volar,
de lo mucho que disfrutaba de tus palabras, de tus enseñanzas,
de tu sabiduría, de cuanta falta me hacías
y cada que le mencionaba todo aquello que no pude hacer por tí
la tristeza me abrazaba tan fuerte que sacaba de mi todas las lágrimas,
y con ellas, mis ganas de vivir.

Tiempo después la tristeza, se aburrió de ello
y también partió.
Llegó una desconocida: Resiliencia, se hacía llamar…
hablaba y hablaba, no paraba, ni de noche ni de día.
Aprendí demasiado de ella, aprendí sobre todo,
que si bien eras importante,
no eras indispensable para seguir viviendo.
Me enseñó también, a tomar lo mejor de tí
y guardarlo en el corazón.
Me enseñó a perdonarme,
Me enseñó que tu partida fue una circunstancia fuera de mi alcance.

Al paso de algún tiempo
entiendes que la soledad lejos de ser un castigo
es el tiempo perfecto para pensar en uno mismo,
de comprender, que antes de cubrir la expectativa ajena,
primero debes de cubrir la propia.
De amar tus errores y defectos
y de pulir tus virtudes y valores.
Debes de entender que no soy un objetivo, soy un trayecto
que todas aquellas pequeñas cosas,
como la sonrisa de un niño,
una tarde lluviosa con tu familia,
una bendición de tus padres,
son lo que hacen de un simple día, un día mejor.
Esta fué una de las tantas respuestas
que me dió la felicidad, quien aseguro,
que sólo bastaba con desearla para que estuviera aquí.
y que también prometió no alejarse nunca
siempre que así lo quisiera.

Hoy no solo eres un recuerdo,
te acepto como una parte de mi vida
y valoro todo aquello que me pudiste enseñar
y acepto todo lo demás que nos faltó por vivir.
Siempre habrá alguien dispuesto a compartir
este efímero momento llamado vida.
Hoy puedo decir, que tras de ti,
en mi, sólo quedó una mejor persona.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.